A veces caigo en la dura conclusión de que entre Sabina, Palahniuk, Nietzsche y Perls ya hablaron de todo, y de la mejor forma en que podría ser hablado… Lo bueno es que la mayoría de las chicas de los bares no leen a Nietzsche, no estudian a Perls, no sufren con Palahniuk ni se emborrachan con Sabina.
lunes, 24 de enero de 2011
miércoles, 19 de enero de 2011
Todo esta bien
Está bien, te despierta un terrible ruido de despertador, igual que ayer, y el día anterior, y el anterior a ese, pero no es el fin del mundo, hoy podría ser un gran día.
Metes tu cansado cuerpo a la ducha, te afeitas, y te tomas 40 segundos para escoger algo de ropa que te quede bien, en caso de que tengas algo de suerte hoy, a diferencia de ayer, y el día anterior, y el anterior a ese.
Está bien, 40 segundos puede no parecer mucho, pero es más tiempo del que le dedicaste al correo que te escribió tu mejor amigo, diciendo que se divorcia la próxima semana, más tiempo del que dedicas a tu desayuno, o a enjabonarte las pelotas.
Solo pasan unos minutos antes de que comiences a fantasear, pues en el subterráneo, el frío de la mañana que hace doler tus orejas se convierte en un preciado recuerdo. Estando entre 50.000 personas, apretados como sardinas, sin espacio ni para mover las manos, incluso el aire que respiras ha sido usado varias veces antes de llegar a ti. Tal vez es eso lo que te hace comenzar a fantasear, a recordarla, imaginar lo que le dirías si estuviese desnuda en tu cama, y tu dejaras de ser el perdedor que eres, que eras cuando la conociste, que seguirás siendo el resto de tu vida.
Está bien, tal vez no sea la mejor forma de viajar, pero es barata y llegas a tu destino y te da 45 minutos para soñar con un mundo mejor, más justo… para ti, claro, pero no vamos a discutir si es o no justo para ella seguir rodeada de tipos como tú.
Te pasas el día entre sueños, haces lo que tengas que hacer en esa frio oficina, cumples con lo que se te pide… por poco, sin aplausos ni buenas ideas, pero cumples. Siempre a la sombra de aquella fantasía a la que intentas dar tintes de recuerdo. Te tomas 40 de tus 30 minutos para almorzar, sigues haciendo como si trabajaras, fingiendo que te cuesta, fingiendo que estas cansado de tanto trabajar. Tu sabes que no es el trabajo lo que te cansa, pero nadie más tiene porqué saberlo, y todos parece seguirte la corriente con desagrado.
Está bien, nunca serás el empleado del mes, pero lograste sobrevivir un día más en tu puesto, y un par de minutos antes de que el reloj te diga que puedes irte comienzas a ordenar tus cosas: un libro que cargas a todos lados, pero que hace meses que no abres, solo lo tienes por la diversión de dejarlo sobre tu escritorio, o en la barra del bar al que irás ahora, como has ido cada día, desde los últimos dos años, un par de lápices, una agenda en blanco y tu escuálida billetera.
Invitas a Cecilia… que bombón. Te dice que no, como ha hecho todos los días desde que llegó a la oficina, como asistente de secretaria. Hoy ocupa un puesto más alto que el tuyo. Todos ocupan un mejor puesto que tu. Pides una cerveza y te la bebes en silencio, coqueteando con la indiferencia de las mujeres guapas que entran al bar, que saludan a sus amigos y conocen extraños. Extraños que no eres tú. Tres cervezas después estas algo ebrio y comienzas a contar las monedas, a ver si puedes pedir otra.
Está bien, sabías que las monedas no sería suficientes, que los cigarros no duran toda la noche, y ahora estas de pié en un frío paradero esperando el bus que te acercará a tu casa, rodeado de amigos, novios y otras personas más interesantes que tu, mas tontas y felices que tu, pues siempre pensaste ser inteligente, un tipo culto… ¿Quién más cargaría a todos lados un libro de poesía que nunca terminará de leer?
Llegas a tu casa… casa es solo una forma de decir. Llegas a un departamento de un ambiente, frío y con una ventana quebrada, la cama desordenada y tus únicos tres platos remojando desde hace una semana en el fregadero.
Enciendes la televisión y buscas alguna taza que usar como cenicero. Te acuestas con ropa sobre el montón de sabanas y frazadas que solía ser tu cama y luchas contra el sueño por un par de horas. Cuando te das cuenta de que no puedes más, enciendes un último cigarrillo, mientras fantaseas en aquel único recuerdo que construiste de mentiras y malos entendidos. Lentamente te duermes.
Suena el despertador igual que ayer, y el día anterior, y el anterior a ese, pero hoy... tu sabes que hoy podría ser un gran día.
lunes, 10 de enero de 2011
Pocos recuerdos.
Tres semanas sin recordarla siquiera. Hoy encontré que en lugar de nostalgia o pena, había un gran vacío. Ha de ser bueno, ha de ser parte de los ciclos naturales. Claro, me siento mejor que antes... pero la rabia y la pena eran mucho más divertidas.
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